De alma vieja y espíritu vanguardista, Perpetual encarna el legado de los antiguos vinos de guarda de la región; una versión moderna y elegante que representa al Priorat de hoy, sin olvidar una herencia vitivinícola ancestral y muy propia sobre la que se construye un carácter identitario reconocible en todo el mundo.

 

 

Un equilibrio bello y perfecto entre tradición y modernidad sostenido en sus colinas y terrazas imposibles; en sus bosques de alma mediterránea de enebro, tomillo, pino y romero, y en el pedregal de pizarra que son sus suelos.

 

Viñas centenarias que arraigan profundo para sobrevivir en un terreno seco e inhóspito, y que abraza la cercanía del Mediterráneo como un soplo de aire fresco, nocturno y alevoso, necesario y vital.

 

La DOC Priorat.

Hay que ser conscientes de que, hasta finales de los 80’, el Priorat ni siquiera figuraba en las principales guías de vinos del país. Se trataba de una región perdida en la cronología, olvidada y, en muchos casos, sus vinos eran recordados por ser “gruesos”, “alcohólicos” y de una rusticidad frutal “pasificada” no apta para el gran público.

 

A finales de la misma década, un grupo de productores pioneros trazó las líneas maestras que marcaban el camino hacia la elaboración de un nuevo estilo, que pronto sería reconocido en el universo vino como excepcional e irremisiblemente reconocible.

 

Su suelo, conocido como licorella, consiste en capas de pizarra roja con mínimas partículas de mica, que se exhiben destellantes bajo el sol. Este tipo de suelo sobre el que se asienta la vid ayuda al proceso de maduración, y atrajo la atención del sector, que veía como los viejos viñedos eran de nuevo cultivados y del mismo modo nuevas bodegas nacían con espíritu innovador.

 

Cepa vieja y suelo de licorella, en el Priorat.

 

Mucho se ha escrito sobre la herencia cartujana de la región; de sus vinos de guarda y sus decimonónicas catedrales del vino. De las bondades climatológicas, orográficas y geológicas únicas para alumbrar vides que perduran y trascienden generaciones; y que merecidamente se hizo acreedora de la Denominación de Origen Calificada en el año 2000, siendo la segunda región tras la Rioja en conseguirlo.

 

 

El Lloar: Un hogar donde quedarse.

Situada dentro del término municipal de El Lloar, la bodega respira modernidad y a su vez ofrece una íntima relación con las viñas circundantes, visibles a través de sus grandes vidrieras, formando parte del paisaje.

 

La bodega del El Lloar cuenta con sistemas de placas solares y fotovoltaicas, en línea con la política y conciencia de la familia en integrarse y gestionarse de modo respetuoso con el medio ambiente; por ello, las instalaciones cuentan con un alto porcentaje de utilización de energías renovables.

 

Perpetual: Las variedades.

Las antiguas vides de garnacha y cariñena que habitan las terrazas imposibles del Priorat ofrecen rendimientos muy bajos pero de una calidad excelsa. Perpetual se sirve de esta suerte de semi- eternidad varietal para nadar en ella y construirse desde la identidad que le confiere.

 

 

Del mismo modo, los mejores ejemplos de la región, buscan la realidad sostenida en el tiempo de una tierra compleja y agreste, que ofrece a la baya una concentración de fruta negra fresca, adormecida frecuentemente por la nobleza del roble donde reposa cuando interviene la mano del hombre y surge la preciosa transformación en vino.

 

Perpetual, el vino.

 

Perpetual se escapa de lo ortodoxo de las palabras para apelar directamente a las emociones.

 

Es sensualidad, opulencia y orgullo identitario. Un vino de férrea estructura, domado para poder ser vinificado; terciopelo púrpura profundo que viste una nariz de fruta negra madura; confitura de ciruelas que juguetea entre las notas de torrefacción adultas de humo y cacao. Todo ello yace en un lecho de fondo mediterráneo, salvaje y conocido, donde el tomillo y eucalipto se acomodan en nuestra nariz.

 

Polihédrico, en boca es complejo pero franco, narrándonos una historia anclada en el tiempo pero a la vez presente, en forma de deseo concedido.

 

Sus taninos, maduros y redondos nos transportan hacia un final largo, que parece detener el tiempo, y entonces nos perdemos en sus notas finales de regaliz y caramelo.

 

 

Perpetual sigue ganando adeptos día a día, abriéndose camino entre el olimpo del universo vino. Un camino que apenas ha iniciado y que de buen seguro, tarde o temprano, le llevará hasta las mismas puertas de la inmortalidad que es nuestra memoria.