Que el cambio climático es una verdad irrefutable ya es más que una opinión de consenso entre elaboradores y viticultores; conocedores expertos de la tierra son testigos de cómo el incremento progresivo de las temperaturas es una realidad palpable desde los últimos 30 años.

 

Desequilibrios en la maduración, pérdida de acidez... son muchas las consecuencias negativas para el fruto de la vid derivadas de unas elevadas temperaturas y un urgente estrés hídrico.

 

Pero, más allá de las acciones llevadas a cabo por el hombre, ¿puede la viña adaptarse; defenderse ante este contexto de calor y sequía?

 

Es aquí cuando la naturaleza nos asombra con una suerte de planificación genética sabia y perfecta: y es que como el ser humano, la vid se adapta a su medio y a los cambios que en éste se producen, siendo capaz de resetear su metabolismo para desarrollarse en contextos climáticos severos y extremos.

 

De este modo, la vid ha desarrollado tres mecanismos de adaptación ante el calor y la sequía que encarnan la asombrosa capacidad de supervivencia de la planta y, a su vez, lo complejo y mágico de la naturaleza:

 

Mecanismo de Escape

 

Como su nombre indica, las propias plantas son capaces de acelerar o ralentizar su ciclo fenológico y vegetativo para sobrevivir durante la época de mayor sequía.

 

Un ejemplo muy visual de este tipo de mecanismo lo encontramos en las plantas de germinación rápida en zonas muy áridas, como el desierto.

 

Mecanismo de Tolerancia

 

Este mecanismo actúa a modo de respuesta rápida de la planta cuando percibe una escasez inminente y tiene como objetivo mantener una constancia en los compuestos celulares. Por eso la planta debe ser capaz de transpirar a través de las hojas, a través de unas aberturas microscópicas llamadas estomas. Las estomas se pueden abrir y cerrar para regular la evapotranspiración de la planta, llegando a cerrarse del todo en condiciones de extrema sequía, a fin de conservar la humedad. La regulación de las estomas afecta también el metabolismo general de la planta, como por ejemplo a la hora de producir azúcar.

 

Mecanismo de Atenuación

 

En este caso, este se da cuando la planta trata de gestionar sus recursos con el mínimo desgaste energético posible.

 

Para ello se sirve de diferentes mecanismos fisiológicos que regulan el uso de sus recursos hídricos durante la época de mayor sequía o, dicho de otro modo más plana, controlando su propio sudor, mediante:

• Una disminución de la producción de hojas; curvándose las; o bien aumentando su verticalidad.

• Una ralentización voluntario del ritmo de crecimiento.

• Un envejecimiento prematuro de las propias hojas o incluso de las uvas (en situaciones climáticas muy extremas).

 

Si bien es cierto que los anteriores mecanismos ayudan a sobrevivir temporalmente el cambio climático, no son suficientes para afrontar este reto a largo plazo, donde se prevén incrementos en las temperaturas de entre 2 y 5 grados durante el presente siglo. Aún así, hay que tener en cuenta que el gran problema no es el aumento de la temperatura media, sino de la frecuencia de eventos extremos, tales como temperaturas por encima de los 37º, el aumento de granizadas, el aumento de heladas en abril después de un marzo benévolo, que hielan los brotes y dañan la planta ...

 

Torres & Earth: Ciencia y Humanidad

 

En lo cultural y desde el prisma de la actividad humana, existen prácticas que en forma de ciencia nos permiten reducir el impacto del calentamiento global.

 

Así, dentro del programa Torres & Earth, Bodegas Torres trabaja diferentes proyectos que persiguen varios objetivos: hacer frente al progresivo aumento de las temperaturas, el ahorro de agua, el ahorro energético...

 

Para ello, la bodega está adaptando sus viñedos para retrasar la maduración de la uva mediante técnicas vitícolas, como la variación del marco de plantación, la utilización de porta injertos más resistentes a la sequía, diferentes técnicas de cultivo y manejo de la canopia.

 

En paralelo, se buscan nuevos escenarios a mayor altitud para cultivar la viña, donde el clima es más frío y permite al fruto desarrollar una maduración equilibrada, así como una mayor concentración de aromas varietales y una buena acidez. A pesar de los puntos positivos, hay que asumir un mayor riesgo de granizadas y de heladas.

 

Viñedos en Sant Miquel (Tremp), situados a 850m de altura, situados al pie del Pirineo catalán.

 

Del mismo modo, el proyecto de recuperación de variedades ancestrales, que precedió al propio programa Torres & Earth, ha sacado a la luz una serie de variedades que han dado muestras de un gran potencial enológico y una resistencia natural al aumento de las temperaturas, la sequía y diferentes enfermedades de la vid.

 

Muestras de variedades ancestrales en fase de estudio

Nunca ha sido tan urgente una gestión más integrada y más consciente de las limitaciones y el respeto al entorno ante el desafío que supone el calentamiento global. Recursos que se significan como una obra maestra de la ingeniería genética, natural y maravillosa. Cuidémoslos.