Uno de los iconos por excelencia de la Familia Torres celebra su cuadragésima añada; pero su concepción, elaboración y posterior reconocimiento no fue nada fácil: Ideas encontradas, deseos frustrados y finalmente una apuesta muy personal; un vino que lo cambiaría todo: Mas La Plana.

 

Una apuesta muy personal. Un punto de inflexión en el sector

 

Debemos tener presente y recordar los principales factores que hacen de Mas La Plana un vino más allá del propio vino. Tan personal que no podemos entender al vino sin su creador: Miguel A. Torres. Y es que, como decíamos, toda creación fruto de la voluntad de una personalidad inconformista tiende a causar controversia. La clase de creaciones que trascienden a su tiempo y que cimientan nuevas bases sobre las que crecer y evolucionar.

 

Mas La Plana encarna el legado de un sueño y el fruto de la experiencia de cuarenta añadas de un vino cuyos orígenes transitan hoy la frontera entre la historia y la leyenda.

 

La irrupción de Miguel A. Torres en el panorama vitivinícola español primero, e internacional después, supuso un paso adelante para los vinos de calidad del país; modernizando técnicas en bodega y ampliando el jardín ampelográfico del Penedès.

 

Miguel A. Torres elaboró un vino muy arriesgado y que se desmarcaba de la tradición enológica de la época para dar vida al fruto de las cepas de cabernet sauvignon cultivadas en 1966 en la finca homónima.

 

París 1979: Nace una Leyenda

 

En 1979, en la Olimpiada del Vino de París, organizada por la revista especializada de referencia Gault-Millau; Mas La Plana, en su primera añada, 1970, superó a los cabernets más aclamados y distinguidos del mundo, otrora terreno reservado a los grandes chateus galos.

 

Clasificación de las Olimpiadas del Vino, publicados en la prestigiosa revista Gault Millau.

 

La sorpresa fue mayúscula y situó el Penedès en el mapa vinícola; sin embargo, se trataba del primero de una larga trayectoria de reconocimientos internacionales que hace de Mas La Plana el vino español más universal.

 

Presentación de Gran Coronas ‘etiqueta negra’, antes de presentarse como Mas La Plana

Mas La Plana: Finca y hogar de la cabernet sauvignon

 

Estas veintinueve hectáreas afectadas por el clima mediterráneo que ya producían vino en época romana y durante la edad media, albergan hoy el cultivo del noble cabernet en forma de vides con una media de edad de treinta años que se desarrollan en suelos de origen cuaternario, formados por limos calcáreos sobre terrazas de origen fluvial y gravas.

 

Bajo estas circunstancias, el cultivo de la vid se organiza en hileras orientadas de manera que las horas de sol afectan a la planta de forma homogénea.

 

Finca Mas La Plana, en Pacs del Penedès.

 

Asimismo, la densidad de plantación es elevada, de manera que las cepas compiten por el agua y nutrientes, provocando una menor producción caracterizada por unas bayas más pequeñas que consiguen una mayor concentración.

 

Así, la experiencia acumulada ha permitido a la finca y su bodega ser pionera y referente en métodos de elaboración que luego se han exportado con sumo éxito en el sector:

·Producciones limitadas y de calidad

·Consciencia ecológica

·Parcelación del territorio

·Selección adecuada de clones

 

Se ha elegido el clon 15 de la variedad por su capacidad para producir cosechas cuyo fruto es rico en azúcares, en pigmentos y en excelentes taninos maduros y frutales.

 

Mas La Plana: El Vino

 

Si bien cada añada contempla sus pequeñas diferencias, sí que existe cierto patrón de ADN que se repite y que conforma la identidad de este cabernet de alma profunda.

 

En botella descansa hasta su descorche el alma de una tierra. La expresión y estructura manifiesta de su origen; inconfundible en la calidad y riqueza de sus taninos, carnales y frutales; e identificable en las intensas notas varietales del micro clima de la finca que nos regala una nariz de bosque mediterráneo, de arándonos y moras; profunda y cautivadora.

 

Botella de Mas La Plana rodeada de su típico suelo.

 

Sus 18 meses de crianza en roble francés ultiman y afinan la calidad de los taninos y le confieren ese placer adulto tan característico en forma de pensamientos de especies; de chocolate y café.

 

En boca, su largo recorrido nos devuelve la madurez y fruta de sus taninos, envuelto todo en un halo de terciopelo que nos llena la boca, una dimensión y volumen elegantes que no irrumpen, sino que parecen deslizarse por nuestro paladar de manera orgánica, natural.

 

Mas La Plana supuso un cambio de paradigma y el fin del ostracismo para los vinos españoles en el exterior. Un punto de inflexión del que quizás no haya transcurrido el tiempo suficiente para darnos cuenta de la importancia de la obra vinícola de Miguel A. Torres.