La vid expresa en su mágica biología una bella y perfecta analogía a nuestro propio ciclo vital. Una planta cuyos componentes, sin excepción, intervienen mediante funciones específicas en el pleno desarrollo de un todo, perfecto y complejo.

 

Las especies del vino

 

Existen más de sesenta especies de vid en el mundo; si bien, tan solo un puñado de ellas son las utilizadas en la viticultura moderna, por ejemplo:

 

·Vitis Vinífera: Se trata de la principal especie eurasiática. Nuestra principal aliada y compañera. Produce todas las variedades de uva destinadas a la elaboración de vino. Se estima que existen entre cinco mil y diez mil variedades de vitis vinífera.

 

Vitis vinífera de la variedad cabernet sauvignon, en la Finca de Mas La Plana.

 

Vitis Riparia, Rupestris y Berlandieri: Procedentes todas ellas de América del Norte, no suelen intervenir en la elaboración del vino. Sin embargo, las tres subespecies son inmunes a la Filoxera, por lo que son utilizadas a modo de “híbridos porta injertos”; es decir, para proveer el sistema radicular en el que las vides son injertadas.

 

 

Todas las vides referenciadas anteriormente tienen en común una estructura que pasamos a desarmar parte por parte para entender la magia de su fisiología al completo:

 

Raíces: Se encargan de absorber agua y los nutrientes necesarios para la vid. A su vez, ancla la planta al suelo y almacena hidratos de carbono que le permitirán sobrevivir al frío invierno.

 

Sarmientos - Pámpanos: Son los nuevos crecimientos que la planta produce cada año. Cuando éstos son lignificados pasan a denominarse sarmientos. En cada sarmiento se distribuyen los nudos a modo de protuberancias. En cada nudo puede desarrollarse vida en forma de hoja y flor; o bien de hoja y zarcillo. En la precisa unión del peciolo (una especie de rabito que sujeta la hoja) y el sarmiento se forman las preciadas yemas.

 

Hojas: Se significan como el corazón y motor de la vid. Como responsables de la fotosíntesis son las encargadas de iniciar la maquinaria mediante la cual la planta obtendrá oxígeno y la esencial glucosa. Ésta se concentra en la fruta, si bien la energía almacenada en la glucosa también puede ser destinada a otros procesos vitales para la vid.

 

Sarmientos producidos recientemente, y hojas desarrolladas en ellos. En la Finca Mas La Plana.

 

Zarcillos: A diferencia de los árboles, la vid no tiene método de sostenerse por sí misma. Para ello necesita de una estructura a la que aferrarse y mantenerse erguida enroscándose, por ejemplo, a un alambre de empalizamiento.

 

Flores y Bayas: Las flores, a modo de genitales, son los órganos reproductivos de la vid. Agrupadas en su inicio configuran las inflorescencias. Cada flor polinizada devendrá en una baya, de modo que las inflorescencias se convertirán en el deseado futuro racimo de uvas.

 

Inflorescencia, en la Finca de Mas La Plana.

 

Yemas: En la unión de la hoja y el sarmiento nacen las yemas. Una vez formadas, maduran dentro de su cubierta durante toda la temporada de crecimiento. Al final de la misma, cada yema albergará las estructuras que darán vida, en el siguiente ciclo, a los futuros pámpanos y sarmientos; hojas, flores y zarcillos.

 

Madera de un Año: Durante el invierno, los jóvenes pámpanos se tornan leñosos y devienen en los nuevos sarmientos. En primavera, los sarmientos se habrán convertido en madera de un año. De manera habitual la vid solo produce fruta en los sarmientos que crecen de las yemas que se desarrollaron el año anterior. De ahí la necesidad del viticultor de manejar correctamente la madera de un año, podándola en invierno. Esta madera de un año recibirá el nombre de vara (si contiene de entre ocho a quince yemas); o pulgar (entre dos y tres yemas).

 

Madera Vieja: La madera vieja está compuesta por el tronco y los brazos de la planta; si bien no todas las vides comparten la misma estructura. Se trata de la madera de más de un año y su cantidad dependerá de la poda. Durante el frío invierno, la madera vieja almacena hidratos de carbono que, a modo de energía, se utilizará para alimentar el crecimiento de los pámpanos hasta que las hojas puedan generar los recursos para el completo desarrollo de la vid.

 

Madera de un año y madera vieja, de cepa cabernet sauvignon en la Finca Mas La Plana.

 

Cada parte; cada mínima función es un perfecto y complejo diseño biológico. Una sabiduría profunda que nos ofrece la naturaleza; que nos empequeñece y nos obliga a escucharla y respetarla, para solo entonces, ofrecernos lo mejor de sí.