Conocida también en algunas regiones del Mundo Vino como vintage o millésime, la añada indica el año en el que las uvas fueron vendimiadas. Este factor, sin duda, merece nuestra atención ya que nos ayudará a comprender, más allá de la edad del vino, su potencial, perfil y calidad.

 

Como apunte, huelga recordar que en el hemisferio norte (Europa y Norteamérica) la temporada de crecimiento de la uva es de abril a octubre, mientras que en el hemisferio sur (Chile, Nueva Zelanda, etc.) ocurre entre octubre y abril.

 

“Pero ¿de qué modo incide la añada en la calidad de un vino? La respuesta, principalmente, estriba en el clima y la fluctuaciones de sus variables durante el ciclo vegetativo de la planta.”

 

¿Qué factores climáticos pueden arruinar una cosecha?

Teniendo en cuenta que cada variedad necesita de unas características climáticas propias, sí ocurren alteraciones meteorológicas que incidirán en el volumen y calidad de la cosecha.

 

La vid necesita de cierta rutina climática y de entre ellas sobresale las horas de luz. El sol propicia una armónica y progresiva maduración de la planta hasta alcanzar el completo equilibrio en el desarrollo fenólico de la baya. Pero accidentes meteorológicos pueden dar al traste este proceso y necesitar de la maestría de viticultores y enólogos para salvar la cosecha.

 

Las heladas de primavera y las tormentas de granizo son desgraciadamente comunes en climas semicontinentales y acaban con los cultivos antes incluso de que florezcan. Estos factores no limitan o afectan a la calidad de la uva, pero sí a la merma de su producción.

 

No obstante, un exceso de sol, altas temperaturas y sequía pueden llegar a hacer que las cepas detengan su crecimiento, si bien este hecho es poco frecuente y ocurre principalmente en zonas muy calurosas. Las uvas resultantes del exceso de calor propician vinos blandos, flojos, con taninos sobre maduros y amargos.

 

Del mismo modo, un exceso de frío detendrá el funcionamiento del metabolismo de la planta, pudiendo incluso llegar a morir.

 

Las enfermedades fúngicas derivadas de un verano húmedo son otro de los enemigos del viñedo, asimismo un exceso de lluvia durante la cosecha puede hinchar las uvas, perdiendo concentración.

 

Es preciso apuntar que una buena cosecha en una región determinada, puede que no lo sea en otra. Además, incluso dentro de la misma región, difícilmente se puede dar una gran cosecha para vinos tintos y blancos al mismo tiempo.

 

No es difícil acceder a valoraciones de añadas en la red, de hecho, las propias DO’s las proporcionan. A modo de ejemplo, aquí encontrareis el histórico de añadas de la D.O.C Rioja.

 

¿Existen vinos sin añada?

 

La respuesta es sí. Aunque solo ciertos vinos especiales pueden omitir el detalle de la añada en la etiqueta.

 

De un lado, los vinos más corrientes y de mayor volumen de producción suelen ser mezclas de diferentes añadas, por lo que no pueden referir ninguna.

 

Por otro lado, los vinos espumosos (sobre todo en Champagne) solo indican la añada en sus mejores cosechas, cuando la vigente es de tal calidad que no necesita recurrir a viejas reservas para el coupage final.