La realidad cambiante del clima es un factor decisivo que incide de manera directa en el desarrollo de la vid. El progresivo aumento de las temperaturas afecta a los aspectos fisiológicos de la planta, siendo especialmente sensible durante el proceso de maduración del fruto.

 

Las bayas alcanzan una elevada concentración de azúcar de manera precipitada, sin embargo, pieles y las semillas maduran más lentamente, por lo que podemos encontrar vinos desequilibrados, con un aumento significativo del grado de alcohol, y a su vez, con un tanino poco maduro que afecta decisivamente a la calidad y potencial evolutivo del vino.

 

Las altas temperaturas provocan también un aumento del PH de la uva, disminuyendo la acidez, acelerando de este modo el envejecimiento de los vinos.

 

Ante esta nueva realidad climática, Miguel A. Torres no alberga dudas: “La viticultura se deberá adaptar a las nuevas circunstancias climáticas, desplazando las viñas hacia el Norte, buscando altitud y temperatura más frías. En Bodegas Torres lo hemos estado haciendo los últimos 20 años. Así, en el Pre-Pirineo, hemos adquirido terrenos a 1.200m de altitud. Hoy, todavía no es posible el cultivo de la vid, pero estamos convencidos que en el futuro este nuevo marco será una gran oportunidad para determinadas variedades de uva.”

 

Así, en el contexto de las medidas adaptativas que se engloban en Torres & Earth, se busca dar solución al problema trabajando con variedades que se muestran resistentes a sequías y plagas diversas (aquí tiene mucho que decir el proyecto de recuperación de variedades ancestrales); y repensando el futuro mapa de variedades, mirando al norte, desplazando viñedos en busca de mayor altitud.

 

Por lo general, a mayor altitud menor es la temperatura media, especialmente de noche, factor que permite la práctica de la viticultura incluso en latitudes cercanas al ecuador. El contraste térmico día-noche beneficia de manera especial a las variedades de menor intensidad aromática (véase pinot noir como paradigma), ayudando a conservar su sutil y delicada fragancia.

 

Así, Bodegas Torres mira al futuro buscando el norte, aventurándose en nuevas altitudes, adaptándose al nuevo escenario climático que ya acontece, cultivando en fincas y viñedos situados a más de 500 metros de altura:

 

Tremp

Viñedos Sant Miquel

 

Las 104 hectáreas de viñas en Sant Miquel, en Tremp, están situadas al pie del Pirineo catalán, a una altura de 850 metros sobre el nivel del mar y pertenecen a la Denominación de Origen de Costers del Segre. Aquí se cultivan las variedades tintas cabernet franc, merlot y pinot noir, así como la blanca chardonnay.

 

Viñedos Sant Miquel, Tremp

 

Santa Maria de Miralles

Finca Fransola

 

Adscrita al término municipal de Santa Maria de Miralles se encuentra la Finca de Fransola. Allí, a 550 metros de altitud, se cultivan 25 hectáreas de sauvignon blanc con el que se elabora Fransola, uno de los vinos blancos más elegantes y complejos de la bodega.

 

Finca Fransola, Sta. Maria de Miralles

 

Finca Mas Borràs

El Penedés superior comparte sus bondades climáticas con una finca de 10 hectáreas de pinot noir que da vida al excelso vino homónimo, Mas Borràs. Para obtener con éxito esta delicada variedad se sacrifican las vendimias cuantiosas, buscando cepas sin excesiva carga.

 

Finca Mas Borràs, Sta. Maria de Miralles

 

Viñedos Waltraud

 

También en el Penedès superior, también a 550 metros de altitud, se sitúan los viñedos de riesling, donde se cultivan 195 hectáreas. El riesling que viste de oro y miel a Waltraud, nace aquí.

 

Viñedos Waltraud, Sta. Maria de Miralles

 

Mediona

Finca Les Arnes

 

En tan solo 2 hectáreas en las tierras altas del Penedès Superior, la finca de Les Arnes alberga a las variedades internacionales tintas por excelencia, cabernet franc, merlot y cabernet sauvignon, con los que se cultiva una mínima selección para la elaboración del icónico vino Reserva Real.

 

Finca Les Arnes, Mediona

 

Seguiremos mirando al norte en busca de tierras con altitud, confeccionando un nuevo mapa varietal como respuesta adaptativa a las consecuencias de un cambio climático veloz y amenazante.