Todos evolucionan, pero no a todos les sienta igual de bien.

 

Partimos del hecho que, si bien todos los vinos sufren una evolución en botella, no todos se benefician de una larga crianza reductiva, es más, la gran mayoría sufrirían con el tiempo una pérdida substancial de los sabores asociados a la fruta fresca, además de desarrollar unas notas animales y vegetales desagradables, independientemente de su correcto almacenaje, por lo que, salvo indicación contraria de la bodega, se recomienda consumir los vinos dentro del año de embotellado.

 

Pensemos que son pocos los vinos que, por sus características, no solo resisten años en botella, sino que además alcanzan el cenit de su potencial transcurridos del orden de ocho a veinte años. Ahí están los magníficos ejemplos de vinos fortificados, también los mejores rieslings alemanes, los Cru Classé de Burdeos, el Oporto Vintage, así como por ejemplo nuestros icónicos exponentes Mas La Plana o Grans Muralles.

 

Pero ¿qué hace de un vino candidato a la eternidad? Cierto es que no se sabe con certeza química qué ocurre durante la crianza anaerobia del vino, es decir, qué substancias o microorganismos pueden subsistir e incidir en el vino sin presencia de oxígeno.

 

Pero lo que sí se sabe con certeza son las características que todo vino debe poseer para someterse a un largo y exitoso letargo en botella:

- Un buen año en lo climático, una buena añada.

- Una acidez elevada

- Grado alcohólico substancial

- Niveles elevados de taninos

- Alta concentración de azúcar (en el caso de los blancos)

 

Los sabores que le confieren a estos vinos su larga crianza privada de oxígeno, sin duda se encuentran entre los más gratificantes y placenteros que un paladar pueda experimentar. Vinos de tanino afinado, cargados de matices y notas untuosas, de una complejidad aromática de primer orden, donde el recuerdo de fruta madura se muestra presente en un mar de especies, maderas y frutos secos, terciopelo y ámbar. Profundos y plenos, son vinos para el recuerdo.

 

Dicho lo anterior, debemos incidir en el hecho que un Gran Reserva no siempre será mejor, por sistema, que un vino del año o sometido a una crianza parcial.

 

Y respecto a la pregunta tan recurrente entre winelovers “¿Cuánto tiempo puedo guardar el vino?“, cabe recordar ahora los puntos de su correcto almacenaje, siendo la respuesta más elemental atender a las recomendaciones del elaborador:

- Guardar las botellas en un lugar fresco, oscuro y sin vibraciones.

- Expuestos a una temperatura constante de entre 10 y 15ºC.

- Las botellas deben descansar en posición horizontal, de manera que el corcho permanezca húmedo y garantice el sellado adecuado.

- Lugares como la cocina no son idóneos debido a sus constantes cambios de temperaturas y diversidad de olores fuertes.

- Alejar las botellas de productos químicos como disolventes, pinturas y similares.

 

Sea como fuere, cada vino esconde su magia detrás de la intención y experiencia del elaborador. De manera que, en su juventud, el vino reivindica su intensidad frutal; es atrevido y expresivo, pues se sabe frugal. Luego, la madurez le aporta serenidad y complejidad, además de ese factor tan seductor que solo los años aportan.