"El vino no puede ser excelente si el entorno no lo es"

 

"A mi paso,

se abre el alba

y un camino empinado,

estrecho, de margen,

un camino hacia la esperanza”

 

"Todas las construcciones en piedra seca son un monumento y un homenaje al esfuerzo y al ingenio del hombre para dominar la tierra. Son una muestra de la lucha continua para mejorar las condiciones de vida. El vestigio de la sabiduría de nuestros predecesores", escribió el fotógrafo Josep Vallès Campanera en Poemas de piedra seca, editado por Cossetània Edicions.

 

El paisaje de la viña en Cataluña es rico y diverso en arquitectura primitiva. Y humilde e imponente a la vez. A menudo hemos vivido de espaldas, por lo que Vallès quiso "reconocer la tarea, el quehacer silencioso y abnegado, los cimientos firmes" como experto en la materia que era. Junto al poemario de Nati Soler han contribuido a "respetar, proteger, recuperar y divulgar la obra ingente heredada".

 

Hoy, 10 años después de su publicación, estamos redescubriendo el entorno inmediato y natural de la vid en este giro hacia la autenticidad que vive el mundo del vino. Un paisaje que confiere carácter e identidad, que le da valor al vino y que es símbolo también de dinamismo económico y social. Márgenes, ribazos, pozos, minas, zanjas, abrevaderos, lavaderos, balsas, cestas, aljibes, caminos, pozos de hielo, barracas y poyos embellecen y testimonian la arquitectura sabia hecha por los antepasados. "Las construcciones de piedra en seco son un reflejo de lo que había sido la lucha del hombre por el aprovechamiento absoluto de los recursos que la naturaleza provee", escribía Josep Vallès Campanera. Y nos retrotrae el almacenamiento del agua, el cobijo para el agricultor y las herramientas (“falcons”, cestas y portadoras ...), la creación de un ecosistema de biodiversidad, la delimitación de parcelas, la ordenación de las pendientes de los cerros para ganar terreno cultivable...

 

Hoy algunos de los usos originarios han evolucionado, pero lo que se mantiene invariable es el orgullo con el que se exhiben como testimonio del patrimonio recibido y dignificado. Se reforman, se restauran, se alzan de nuevo. Pero a los elaboradores de vino les cuesta encontrar manos que lo construyan con el ingenio de cuando se hicieron por primera vez, los meses que disminuía el trabajo en el campo.

 

"La viña tiene una arquitectura diluida que va desde la barraca en piedra seca, los muros de piedra, los caminos... Todo ello forma parte de un sistema cultural que se imprime en el vino, que es un alimento agrícola diferente a los demás, porque incorpora el sueño, la imaginación... ", afirma el doctor Miquel Vidal, master en arquitectura del paisaje por la Universidad Politécnica de Cataluña y director del Congreso de Arte y paisaje que este mes de junio llega a la quinta edición.

 

"El paisaje vitivinícola es un bien cultural, pero que no lo termina viendo así, debemos darle herramientas para que lo haga como bien económico. Debemos promover iniciativas varias para favorecerlo buscando el equilibrio de muchos agentes y defendiendo la identidad de la vid con otras demandas que surjan en el territorio ", explica con tono conciliador para casar el respeto por la tierra con el progreso. Dirá Vidal que a los paisajistas les preocupa la globalidad del territorio. “Tenemos bodegas muy bien cuidadas pero a menudo el territorio de medio queda olvidado. Es necesario que todo esté en buenas condiciones. El producto no puede ser excelente si el entorno no lo es. El parón económico de los últimos años ha beneficiado el paisaje, pero hay que estar atentos para cuando vuelva la euforia de construir ", alerta.

 

Los cinco de "Miravinya y la" La Carretera del Vino “en el Penedès constatan que la voluntad está presente. Se debe mostrar y difundir lo que confiere identidad a los vinos, desde el canal de biodiversidad que son los ríos Mediona y Bitlles y que se contemplan desde los miradores; a la propuesta histórica y cultural de la primera wine route del estado que atraviesa el Penedès desde el interior a la costa, identificando iglesias, ermitas, castillos y casas modernistas. "El Penedès tiene un patrimonio importantísimo que no encontramos en el Nuevo Mundo, ni en Chile ni en Napa por citar dos ejemplos. Aquí hay un poso histórico muy grande. Todo euro que un elaborador gasta en defender el territorio, es una inversión que tiene retorno, si bien no es directamente cuantificable", sentencia Vidal. El director del Congreso de Arte y Paisaje advierte que el territorio debe ser sostenible y debe tener valores: "La excelencia del paisaje es su sostenibilidad".

 

En el Pla de Bages las barracas de viña se cuentan por miles. La mayoría se encuentran en muy buen estado de conservación e incluso en una de ellas, en Mas Arboset, se vinifican dentro las cepas que la rodean, como se hacía antiguamente. Su valor etnológico ha hecho que la Generalitat haya iniciado el expediente para declarar bien cultural de interés nacional un total de 13 conjuntos de tinas de los valles del Montcau. En Navàs, a la inquietud de jóvenes elaboradores de vino se suma la defensa del patrimonio oral que emana del paisaje. Hay bodegas que llaman sus vinos con palabras recuperadas de la tesis doctoral de la filóloga María Estruch Subirana: Biot - pequeño pozo, depósito u hoyo, generalmente excavado en la roca, donde se recoge el mosto o el vino al salir de la prensa o tina-, Corsai - pequeña porción de terreno que queda en un borde del campo o viña-, Escandolles -grietas en una roca donde antiguamente se aprovechaba para plantar cepas- o Piotxa - herramienta de hierro con mango de madera que se utiliza para remover la tierra y para arrancar o plantar cepas..

 

El paisaje reúne valores naturales y ecológicos, estéticos, históricos, de uso social, simbólicos y espirituales. La exaltación de la artesanía que vivimos en pleno siglo XXI en la elaboración del vino es conciliadora con el entorno. Nos conmueve que haya enólogos que vinifican a más de 1.000 metros de altura en lagares de piedra construidos por monjes hospitalarios del siglo XII, nos cautiva como por los viñedos del bajo Penedès se cruza la antigua Vía Avgvsta romana; y que una antigua construcción de piedra en seco sea el cobijo natural de un vinagre que envejece en barricas de roble con soleras de más de 20 años.

 

"No se vende vino, se venden experiencias. En el origen hay un valor añadido incalculable. El paisaje da identidad y cuenta la historia de cómo las personas han vivido antes", advierte Evarist March, biólogo y director de Naturalwalks. El análisis de la composición de la flora en el entorno de la vid es uno de sus cometidos. Queda pendiente sumergirnos en él.