Cuando un vino revela su identidad, cuando exhibe carácter y complejidad, cuando nos descubre su historia y presume del mimo y la pasión de sus hacedores, trasciende el tiempo y va más allá del eterno axioma que nos dicta que los blancos son para el verano y los tintos requieren cierto recogimiento invernal.

 

A continuación os sugerimos cinco tintos que abrazan la atemporalidad:

 

1. CELESTE CRIANZA (D.O. Ribera del Duero)

 

Las noches estrelladas de vendimia inspiran a la uva tinta que descansa en la bodega, a 900 metros de altitud, a medio camino entre la tierra y el firmamento, para dar cuerpo y alma a un tinto paradigma de la mejor expresión de las tierras altas de la región.

 

Celeste Crianza es un vino de color cereza oscura, con reflejos granate intenso en una melodía de moras silvestres y arándanos, finas notas tostadas y ahumadas. Serio, cálido, con un tanino sabroso y aterciopelado, muy fino.

 

2. PURGATORI (D.O. Costers del Segre)

 

Entre el cielo y la tierra, el purgatorio se nos revela ahora como una herencia de los monjes de la abadía de Montserrat que en 1780 se instalaron en la finca del Purgatori como penitencia, donde inmersos en un clima extremo trabajaron la tierra y hallaron un terruño diferente, donde la vid regalaba un fruto excelso para la elaboración de vino.

 

Así, Purgatori se presenta carnal e intenso. De color cereza oscura, garnacha y cariñena nos regalan intensas notas de fruta madura (moras, arándanos), sobre un recuerdo ahumado y láctico. Elegante, con un tanino delicado y sedoso, que se sirve de una sutil acidez para generar un largo discurrir en boca que se antoja interminable.

 

3. BELLATERRA (D.O. Penedès)

 

Merlot varietal de alto vuelo en una tierra de múltiples variedades. Un museo de microclimas que permite cultivar y elaborar, más allá de los blancos frescos y espumosos de acidez punzante, excelsos ejemplos vinícolas de la región, excelentes tintos que nos regala la ampelografía del Penedès y que nos sugieren una mirada a sus zonas altas. Hay que irse para un día volver. Solo así se puede captar la auténtica belleza de esta antigua tierra. Un incomparable jardín de verdes viñas dibujadas entre amarillentas masías y solitarios cipreses. Es el Penedès, una bella tierra.

 

Allí nos encontramos a Bellaterra, un ejemplo alejado de los exponentes propios de zonas cálidas. Allí nos encontramos, en efecto, un bello color cereza oscura y cubierto, un intenso aroma frutal (cerezas negras, confitura de arándanos), con una deliciosa nota mentolada que refresca y aporta equilibrio a un paso por boca elegante, con un ligero amargor final arrastrado por sutiles notas de cacao, que deja con ganas de más.

 

4. SALMOS (D.O.C. Priorat)

 

Salmos es un homenaje a los monjes de la Cartuja que plantaron las primeras vides en el Priorat. Un vino que guarda la misteriosa herencia de tiempos y hombres sabios. Con un clima fronterizo con lo extremo, una viticultura heroica de origen monacal y escalas imposibles rodeadas de bosque agreste mediterráneo, de pino y romero, los suelos de piedra licorella más antigua que la humanidad, actúan como reguladores térmicos, con un savoire-faire que ha necesitado del paso del tiempo para entregar lo mejor de sí.

 

Salmos recoge la esencia de los tintos del Priorat para, desde su primera añada, seducirnos de manera irremisible. De color rubí oscuro, pasional, Salmos es rotundo y maduro, pero también floral y asentado en un universo frutal que comprende desde cereza negra a ciruelas y pasas. El roble francés pone el contexto para un elegante paso por boca, con un tanino presente y delicado, y un final tostado que nos vuelve a seducir en forma de cacao.

 

5. ALTOS IBÉRICOS RESERVA (D.O.C.RIOJA)

 

Altos Ibéricos Reserva reinventa la antigua tradición de los tintos riojanos para, respetando su origen, erigirse como un ejemplo de modernidad enológica de la región. En pleno corazón de la Rioja Alavesa, Altos Ibéricos toma su nombre del Alto Otero, bello paraje del municipio de Labastida, dónde se encuentra la bodega.

 

Tempranillo intensamente afrutado bajo el manto de cerezas negras, albergando notas de pimienta negra e higos secos que hacen del paso por boca una exhibición de equilibrio mediante un paladar firme, aterciopelado y carnoso. Un vino maduro y elegante para recordar.