Milmanda trasciende a lo genérico de lo varietal para adquirir, por derecho propio, el estatus de nuevo clásico contemporáneo. Todo ello bajo el amparo de una retahíla de reconocimientos nacionales e internacionales y el valioso favor de su fiel público, que hacen de Milmanda, añada tras añada, un reto apasionante en lo enológico y en lo humano.

 

LA DO CONCA DE BARBERÀ EN 5 DATOS

 

Cuna y hogar de Milmanda, la Conca de Barberà destaca por su herencia vinícola monástica y un clima que favorece el cultivo de las variedades más nobles del abanico ampelográfico. Y además:

1. Es, junto a las DOC Priorat y DOP Montsant una de las zonas vinícolas históricas de Cataluña, trabajadas y cultivadas desde la expansión de la orden del Císter.

2.La Conca de Barberà extiende sus viñedos a lo largo de más de 10.000ha que producen anualmente unos 200.000hl de vino.

3.La región, si bien se beneficia de la cercanía del Mediterráneo, sufre los rigores propios del clima continental, con veranos muy calurosos y secos e inviernos muy fríos.

4. La Conca debe su formación geológica a la acción erosiva del río Francolí y de su afluente, el Anguera, que a lo largo de milenios han modelado de manera caprichosa la fisonomía de la región como la de un valle fluvial rodeado de cadenas montañosas; al Norte, las sierras de Montclar, Codony y Comalats; y al Sur, la sierra de Prades.

5. Las variedades tradicionales (tempranillo, garnacha, parellada…) conviven con los mejores exponentes internacionales de cabernet sauvignon y chardonnay.

 

 

MILMANDA: EL REINO DE LA CHARDONNAY

 

Ubicada en la ruta del Císter, a 500 m de altitud, acunada en las faldas de la sierra de Prades; la finca de Milmanda alberga la granja fortificada presidida por la imponente Torre del Homenaje, a cuyos pies descansan 15 ha consagradas en exclusiva al cultivo de la variedad chardonnay.

 

Milmanda pertenecía a una ruta de castillos medievales y granjas fortificadas que daban cobijo a los cristianos en tiempos de la reconquista. En el siglo XII llega la paz y con ella se reactiva el cultivo de la vid.

 

No es fácil destacar en un universo tan amplio como el de los grandes chardonnay, y aquí, las condiciones climáticas y culturales se antojan esenciales. De nuevo el “terroir” aparece como factor identitario definitivo.

 

Pero ¿qué conforma el terroir de nuestra finca?

 

 

En lo cultural, la herencia de las órdenes monásticas que expandieron la cultura de la vid, perfeccionado las técnicas en relación a la viña, sentaron las bases de lo que hoy es una viticultura respetuosa y vanguardista, que sabe extraer lo mejor de una tierra, en ocasiones, dura y de difícil laboreo.

 

El clima es recio y típicamente continental, con veranos largos, cálidos y secos, e inviernos fríos, sin embargo, la influencia de la cercanía del mar suaviza las condiciones, que a su vez, se ven potenciadas en favor de la variedad por la orientación sur del viñedo, ganando más horas de luz.

 

MILMANDA: EL VINO

 

Como decíamos, se busca en Milmanda una nariz de gran intensidad en la que destacan las notas de flores (madreselva); fruta blanca y de hueso (piña, melocotón y cítricos), con ese fondo tostado, especiado y de recuerdo autolítico tan característico y adquirido durante su especial crianza en barrica.

 

En boca es generoso. Se nos muestra estructurado y complejo, queriendo de nuestros paladares una suerte de aventura que arranca en el frescor de su fruta, hace escala en las notas adultas de pan tostado, humo, café y especias; y culmina en una cima sensorial de final largo y pleno que nos devuelve a su esencia varietal.

 

La evolución en botella, paciente y silenciosa es sencillamente maravillosa. Tras cinco o seis años, la untuosidad antecede a la fruta madura y el recuerdo de la nobleza de la trufa hace acto de presencia.

 

Milmanda gusta de acompañarse de buenas viandas. En su versión más joven comparte gustoso protagonismo con pescados de carne firme como el rape y el rodaballo, así como con toda clase de aves.

 

En su versión madura, la presencia de la trufa y demás notas reductivas admiten carnes y guisos más grasos con salsas blancas y de setas.

 

 

Con las años (y añadas), Milmanda ha reducido el protagonismo de las notas propias de la fermentación maloláctica dejando paso a una expresión varietal desnuda más pura, aportando frescura y personalidad al conjunto. Una evolución que busca en su ADN un arraigo desde donde afianzarse y diferenciarse en un mundo globalizado y con tendencia al mimetismo enológico.

 

Bridemos por diferencia.

 

Bibliografía:

Diccionario Salvat del Vino. Mauricio Wiesenthal, ed. SALVAT

http://www.doconcadebarbera.com/es/

 

Milmanda